JOTAMARIO ARBELÁEZ

febrero 05, 2011

Nació en Cali, Colombia, en 1940. Co-fundador del movimiento Nadaísta. Desde su primer libro, El profeta en su casa (1966), Jotamario demostró su vena mordaz. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Oveja Negra y Golpe de Dados, con Mi reino por este mundo (1981). Otros libros publicados: El libro rojo de rojas (1970), en colaboración con Elmo Valencia; la antología Doce poetas nadaístas de los últimos días (1986) y El espíritu erótico (1990), antología poética y pictórica realizada junto con Fernando Guinard. En 1985 ganó el Premio Nacional de Poesía Colcultura con La casa de la memoria, entre otros muchos galardones.


Pompas fúnebres
Enterró a su abuela como pudo, con amor, con modestia, con pobres recursos.
En ese tiempo ganaba poco dinero; no había querido terminar sus estudios.
Enterró a su padre con toda la pompa, estrenando vestido, con misa cantada.
Lo habían ascendido en su empleo; le hicieron un préstamo.
Enterró a su madre con un funeral tan solemne
que el cortejo colmó varias cuadras
y las flores no cupieron en el cementerio.
Los tiempos habían cambiado; ahora manejaba el negocio.
Enterró a su amigo del alma en su suelo nativo; fletó dos aviones
que llevaron  al sitio cadáver y deudos.
Se había vuelto persona importante: tenía crédito en todos los bancos.
Enterró a la mujer de su vida en un gran mausoleo
custodiada a los cuatro horizontes por un mármol de arcángeles.
La Fortuna le había sonreído; marchaban las cosas.
Murió pobre, de golpe. Liquidada la empresa lo habían despedido.
Los ahorros de toda su vida había dilapidado en entierros.
Hoy reposa en la tumba contigua
a la tumba que ocupa su abuela.

Poema de invierno
Llovió toda mi infancia.
Las mujeres altas de la familia
aleteaban entre los alambres
descolgando la ropa. Y achicando
hacia el patio
el agua que oleaba a los cuartos.
Aparábamos las goteras del techo
colocando platones y bacinillas
que vaciábamos al sifón cuando desbordaban.
Andábamos descalzos remangados los pantalones,
los zapatos de todos amparados en la repisa.
Madre volaba con un plástico hacia la sala
para cubrir la enciclopedia.
Atravesaba los tejados la luz de los rayos.
A la sombra del palo de agua
colocaba mi abuela un cabo de vela
y sus rezos no dejaban que se apagara.
Se iba la luz toda la noche.
Tuve la dicha de un impermeable de hule
que me cosió mi padre
para poder ir a la escuela
sin mojar los cuadernos.
Acababa zapatos con sólo ponérmelos.
Un día salió el sol.
Ya mi padre había muerto.

Los inadaptados no te olvidamos Marilyn
Ahora que los gusanos han echado sobre tu cuerpo la primera palada de olvido
ahora que vives debajo de Los Ángeles sin necesidad de psiquiatras
ahora que el hueso altivo de tu cadera es puro polvo en una caja
y puro polvo son tus nalgas diseminadas por el suelo de raso de tu tumba
ahora que la totalidad de tu cuerpo cabe en la más pequeña de tus polveras
ahora que las uñas de tus pies yacen a tus pies disgregadas como planetas muertos 
            y los tacones de platino de  tus zapatillas de gala se doblan entre canastas de 
            champaña bajo el peso terrible de la ausencia de tu talón de Aquiles
ahora que en tu ropero los polillas han hecho lo propio con tus trajes olorosos a 
            fiesta en Beverly Hills a Chanel número 5 a los cinco dedos de una mano
ahora que el millonario excéntrico que alquiló la mansión que habitabas en 
            Brentwood ha dejado de buscar tus axilas en los rincones de la sala y 
            organiza con sus invitados un safari de rinocerontes en Perú
ahora que el psiquiatra que te atendía se ha declarado en quiebra y para pagar sus 
            impuestos está escribiendo tus ‘memorias’ y  además porque a sus tres 
            esposas les hacen mucha falta los doce mil dólares mensuales que le 
            entregabas de honorarios
ahora que las pastillas soporíferas que tomaste se agotan rápidamente en las 
            farmacias como canciones de cuna definitivas
ahora que hasta en las cintas viejas de celuloide se están cerrando tus ojos 
            cansados de soportar tanta pestaña tanta vigilia tanta viga
ahora que ya nadie sabe quién era norma jean baker porque las Baker norma jean 
            abundan en los directorios telefónicos
ahora que los 188 mil millones de psicópatas ya no te ven en sueños en inglés con 
            leyendas en castellano como una bruja de salem volando sobre un bate de 
            béisbol
ahora que la obra dramática de tu ex marido sobre tu vida ha quedado en tablas 
            ante los críticos de Broadway
y ha dejado para siempre de alumbrarte el sol de los fotógrafos
oh gata llena de misterio sobre el mercedes benz del olvido
en este pequeño país latinoamericano que se llama Colombia
vivimos varios poetas inadaptados que no queremos olvidarte
(tú Marilyn fuiste más importante para nosotros que la doctrina Monroe)
y que nos acordamos de ti cuando sale la luna sobre los “jaguares”
cuando bajamos deslizándonos por la pasarela del jet
cuando leemos en la prensa que Dalí ha hecho de tus senos una escultura de 
            gavetas
y nuestras mujeres gritan en los más alto de los ascensores
A veces como ahora te elevamos una oración por qué no te elevamos en una 
            oración
en un réquiem en un anti-réquiem en un responso qué sabemos nosotros de esos 
            nombres
sólo que cada hombre ora a lo que más ama
sobre todo si lo que más ama está muerto
y es entonces cuando queremos acostarnos boca abajo en el cementerio de 
            Westwood
para sentir en nuestros poros púbicos las lanzas de hierba que crecen desde tus 
            ingles norteamericanas
ahora que estás muerta y reposas enquistada sin muchas esperanzas en la 
            resurrección de los cuerpos
en ese pequeño lugar que es como el ombliguito de América
luego de haber vivido entre reflectores y niebla
           entre almacenistas y magnates
           entre dramaturgos y policías
           entre los espejos y el espejismo
           del amor


Derechos reservados
© Jotamario Arbeláez

ÁLVARO MUTIS

Nació en Bogotá en 1923.. Autor destacado por la riqueza verbal de su producción y una característica combinación de lírica y narratividad, participó en sus inicios del movimiento de poetas agrupados en torno a la revista Mito. Influido por Pablo Neruda, Octavio Paz, Saint-John Perse y Walt Withman, empleó la poesía como vía de conocimiento para el acceso a universos desconocidos, a nuevos mundos donde fuese posible el amor y la buena muerte. Su álter ego es Maqroll, un aventurero sombrío y a la vez inocente, que canta a la frágil condición humana. Su obra ha sido reconocida con galardones tan prestigiosos como el Príncipe de Asturias (1997) y el Premio Cervantes (2001). 

Amén
Que te acoja la muerte
con todos tus sueños intactos.
Al retorno de una furiosa adolescencia,
al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
te distinguirá la muerte con su primer aviso.
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha.

Ciudad
Un llanto,
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.
Primero un ruido de cerradura,
después unos pies que vacilan
y luego, de pronto, el llanto.
Suspiros intermitentes
como caídas de un agua interior,
densa,
imperiosa,
inagotable,
como esclusa que acumula y libera sus aguas
o como hélice secreta
que detiene y reanuda su trabajo
trasegando el blanco tiempo de la noche.
Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,
hasta los solares donde se amontonan las basuras,
bajo las cúpulas de los hospitales,
sobre las terrazas del verano,
en las discretas celdas de la prostitución,
en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,
con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,
en las medallas que reposan en joyeros de teca,
un llanto de mujer que ha llorado largamente
en el cuarto vecino,
por todos los que cavan su tumba en el sueño,
por los que vigilan la mina del tiempo,
por mí que lo escucho
sin conocer otra cosa
que su frágil rodar por la intemperie
persiguiendo las calladas arenas del alba.

Nocturno
Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el cinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.



Derechos reservados
© Álvaro Mutis

JORGE CADAVID

diciembre 18, 2010

Nació en Pamplona, Norte de Santander, en 1962. Estudió Linguística en la Universidad de Pamplona, se especializó en Literatura en la Universidad Javeriana e hizo un doctorado en Filosofía en la Universidad de Sevilla (España). Ganador en 2004 del noveno Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus y del Segundo Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango. Ha publicado, entre otros, los libros: |La Nada (2000), |Un leve mandamiento (2002), |Diario del entomólogo (2003), |El vuelo inmóvil (2004), y |Ultrantología (antología del poema breve, 2003)


Entrevista
El veinte por ciento de los fresnos
declararon que el rayo
los penetraba hasta el corazón.
El cinco por ciento de los álamos consultados
afirmaron que el relámpago bajaba hasta
las raíces iluminándolos.
El quince por ciento de los ficus sostuvieron
que sólo en la corteza
la fulguración dejaba su dolorosa huella.
El sesenta por ciento de los árboles restantes
flagelados por el rayo dijeron estar perplejos.
Algunos dicen que quieren escribir inspirados
por el fuego mientras arden.


Historia natural
(Visita al jardín botánico)

Aman las praderas el cedro, el álamo, el cerezo silvestre. Gózanse los valles los ciruelos, los castaños y el avellano. Súbense a lugares montuosos el olmo, el laurel, el manzano. No medran sino en lugares acuosos los sauces, alisos y fresnos. Contradícense el roble y el olivo con tal pertinaz odio, que el uno plantado en el hoyo del otro, luego perece. Sabemos que hay árboles que gustan de compañía y otros solitarios como el sicomoro. Tienen las cosas de la naturaleza sus venenos y sus vinos. Incluso el gran árbol caído, con las raíces al aire, nos ofrece una magistral lección de cómo mirar.


Derechos reservados
© Jorge Cadavid

Hugo Chaparro Valderrama



Nació en Bogotá en 1961. Es escritor, historiador, crítico cinematográfico y literario. Ha publicado las novelas El capítulo de Ferneli (1992) y Si los sueños me llevaran hacia ella (1999); los libros de ensayos Lo viejo es nuevo y lo nuevo es viejo y todo el jazz de New Orleans es bueno (1992); Alfred Hitchcock. El miedo hecho cine (2005) y Del realismo mágico al realismo trágico (2005); dos libros de poemas que han merecido el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia: Imágenes de un viaje (1993) y Para un fantasma lejano (1998); un cuento infantil, El amor de una jirafa (2004), y una antología de testimonios cinematográficos, El evangelio según Hollywood(2005). Fue becario del International Writing Program de la Universidad de Iowa (Estados Unidos) durante el otoño de 2002. En la actualidad prepara la publicación de una novela sobre el México rural de los años veinte y es director de los Laboratorios Frankenstein.


Retrato en el desierto
La imagen me presenta
la corteza calcinada de la tierra.
Las vetas sombreadas que reposan en las rocas
dibujándose en los pliegues de la luz,
anuncian un crepúsculo cercano.
Adherido a una montaña
bajo el sol del verano permanente,
un arbusto solitario
se transforma en yerba quebradiza.
Imagino en tal desierto
el rumor enronquecido de un viento pasajero
soplando tenuemente.

Apenas se vislumbra algo más
que la sed y la aridez y la apatía de una
nube
rozando con su cuerpo las arenas.

Un arroyo o el más delgado hilo de agua
serían allí una ironía.
No hay bestias ni animales
ni la sombra de una fiera moribunda
resignada a su destino.
El paisaje podría parecer sin vida
pero un detalle, conmovedor, lo protege.
La sombra que proyecta tu presencia en la
arena de la imagen,
en la foto permanente de un instante del
pasado,
observando aquel paraje cuya muerte es
conjurada,
derrotada y vana,
cuando el mundo y su bondad
festejan y celebran
por la obra y por la gracia de tu vida.
El fragmento de ese mundo
se convierte así en santuario
porque sé
que estás en él.


Sobre el insomnio y sus fantasmas
Imagino
que en cualquier momento
cuando abra los ojos
tras el sueño
te veré allí.
Aunque no sea cierto.


Los ojos o el espejo del alma
Aun si fueras un vampiro
y jamás viera mi rostro
por toda la eternidad
siempre tendría tus ojos
para contemplarme en ellos.

Derechos reservados
© Hugo Chaparro Valderrama

Winston Morales Chavarro


Nació en Neiva, Huila, en 1969. Primer Puesto Concurso Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 2001. Primer Puesto Concurso Nacional de Poesía Universidad del Quindío, 2000 y Segundo Premio Concurso Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá, 2000. Ha publicado los libros de poemas Aniquirona, Trilce Editores 1998; De Regreso a Schuaima, Ediciones Dauro, Granada-España 2001 y Memorias de Alexander de Brucco, Editorial Universidad de Antioquia-2002. Poemas suyos han aparecido en revistas y periódicos de Colombia, España, Venezuela, Estados Unidos, Italia,  Argentina, Puerto Rico y México.
 

I
A EVA EN EL DESTIERRO
 
Qué hermosa es Eva
Qué hermosa la serpiente que le rodea
El árbol que crece en su talle
El fruto carnoso que despliegan sus labios
Al posar sobre la ocarina
Su música en las orillas del bosque.
Qué hermoso su cabello
-Grajillas oscuras que caen sobre sus hombros perfumados-
su nariz que respira otros mundos
y crea para tantos laberintos
el azahar y las guirnaldas que los sustituya.
Qué hermosa es Eva
Qué hermosos sus tobillos
Las huellas que dibuja sobre la arena
Para marcar el camino hacia la luz y hacia las sombras.
Qué hermosos los hijos que le ha arrojado al mundo
El río que desciende por las colinas de su vientre
El volcán de sus ojos de fuego.
Qué hermosa esta costilla pensante
Este polvo sagrado
Esta caña aromática
Que guarda en sus pechos fragantes
Otra manzana para las épocas de lluvia.
 
 
II
CANCIÓN DE EVA A ADÁN
(Para mitigar el viaje)
 
Cuán hermoso es el barro que se levantó de otras orillas
Y se formó como un pájaro en el bosque
Hasta cantar la diadema de los ríos.
Cuán bello su orgullo de hoja seca
Que se doblega como un faro
Al contacto inmisericorde de la espada.
Cuán bello es el hombre que bautizó a los animales de la selva,
Puso nombre a los ríos de la muerte
Y le canta al Chatak de los lejanos pinos
Para que descienda el agua de la acequia
Sobre las viñas y los olivares de las sombras.
Cuán hermoso es Adán
Innumerables son los hijos que le ha arrojado al mundo,
Innumerables las manzanas que lleva bajo el brazo,
Innumerables los ríos que ha sobre-nadado
E innumerables las colinas y las arenas recorridas
En su último destierro.
Cuán hermoso es el pájaro del Génesis:
Su boca tiene la medida exacta de los frutos del Apocalipsis
Y sus ojos las visiones premonitorias
De todos los calvarios:
Las hojas afiladas y serradas
De sus próximos destierros.
Cuán hermoso es Adán
Cuán magna su sabiduría de la muerte
Su tortuoso caminar por los recovecos de esta Terra.
Cuán hermoso el paradigma del sepulcro,
Sus costillas, sus cabellos, sus ojos, sus pestañas,
Sus manos de extranjero
En los confines de otro continente.
Cuán hermoso es Adán
Esta noche me entregaré de nuevo a sus mieses, a sus frutas,
A su siega.
Como quien va de los precipicios de las sombras
Al vórtice inigualable de otro paraíso,
Me entregaré de nuevo a él
Como la última manzana,
Como la última mujer que puebla sobre el mundo.
 
  
III
CAÍN
 
Mi quinto nombre es Caín
Soy la reencarnación del polvo
El hermano mayor de los caballos marinos
El barro que echó raíces
Hasta volverse un hombre
Un río de poemas y arboladuras.
Soy agricultor
Cultivo pájaros y frutas
He vivido la mayor parte del destierro en Nod
Al oriente del Edén
En donde el árbol prohibido
Se extiende hacia los caminos olorosos que ahora circundo.
Soy Caín
Hermano de Abel
Hermano de las hojas secas,
Del viento, de los pinos de Alepo,
De Set, del exilio y de las largas caminatas por la arena.
Gracias a la quijada de un burro
Conozco la voz de las orillas,
El crepitar de la lluvia sobre los mundos subterráneos
El silbido orquestal de las esferas,
Las regiones desérticas del cosmos,
El palpitar angustiado del Mar Muerto.
Soy hijo de una multiplicación de huesos,
De Adamá, de la luz,
del manantial prístino que manó de las manos de mi padre.
Cosecho peces, madreselvas, aves mitológicas,
La belleza de la divina providencia
En donde yo,
Labrador de las palabras,
Soy la parte onírica de las cosas.
Mi quinto nombre es Caín
Soy un barco de polvo
Uno de los primeros nómadas verdes;
De mí descienden Enoc, Irad, Metusael, Lamec
Y todos los hombres que tocan el arpa y la flauta.
No creo en los señalamientos, en las culpas,
Tampoco en el azar
Las cosas están escritas, prefijadas,
Soy agricultor
Y aunque a mi padre azul no le gusten mis cosechas
Hoy,
Después de tanto tiempo,
Vengo a ofrendarle mis poemas.
 
 
 IV
ABEL
 
Caín
Hermano de vientos, nubes, diluvios y ríos
Un mar de luces opalinas gravita en los guáimaros de la ciénaga
Y se aglutina en mi espejo
Como un prisma que nos dice:
La muerte es una puerta
Y el tiempo una ventana
Por donde nuestros pasos presurosos
Perciben otras cosas, otros mundos.
Bello Caín
La quijada de burro con la cual me mataste
Tenía el olor de las encinas y los pinos,
De tus labios venían hasta mi norte
Unos chopos amarillos
Que enhilaban mis pétalos melancólicos
En el hilo de la muerte.
Hermano profanado por los cielos
El dolor de tu hacha cavernoso
Penetraba mi topografía más remota
Mi geografía y mi valle más sagrado.
Ante el golpe subceleste
Que yo he encontrado sutil y generoso
Y que tú asestaste con una sabiduría infinita
Yazgo en la orilla de tu río, pensativo.
Oh, amado Caín
Tus huellas de madreselva
Van decorando mis entrañas,
Van vistiendo de semillas, de hiedras y resinas olorosas
Mi cuerpo fatigado por los viajes.
Mi sudor se impregnaba de tus frutas;
Tus piñas, toronjas y zapotes
Decoraban mi cabeza
Con coronas tejidas por cientos de cuchillos.
Nada soy sin tu golpe
Herrero milenario;
Tus manos son el yunque
Que moldean, a la sombra de estas islas misteriosas,
La herradura, los cristales y los cuarzos
De otras Islas en el hado de la muerte.
Caín
Hermano de mis antepasados
Hay en ti un pretexto para silenciar la historia
Como si la memoria de las dagas
No aceptaran la muerte de Goliat
Como una templanza de David,
Mi muerte es una templanza tuya.
Amado Caín
Por tu golpe y tu palabra
He conocido el paraíso.


Derechos reservados
© Wiston Morales Chavarro
 
 

LAUREN MENDINUETA

diciembre 14, 2010



Nació en Barranquilla, Colombia, en 1977. En 1997 publicó Primeros Poemas. Su segundo libro, Carta desde la aldea (La dádiva, 1998), ganó el Premio Nacional de Poesía Joven, y el tercero, Inventario de ciudad, (Golem, 1999), apareció con un prólogo de Álvaro Mutis, lo que le supuso reconocimiento nacional e internacional. En el 2000 su poemario Autobiografía  recibió dos premios nacionales de poesía, y cuenta actualmente con dos ediciones, una en España (casatomada, 2006) y otra en México (Salida de emergencia, 2006). Además ha publicado la biografía Marie Curie, dos veces Nobel (Panamerican, 2005), más una antología de sus versos con el título Poesía en sí misma editada por la Universidad Externado de Colombia en el 2007. Ganó en España el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos por su libro La vocación suspendida (Point de Lunettes, 2008). Sus trabajos han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso y francés. Desde el 2005 está radicada en Europa.

A la doble que soy
Hay fotografías en las que no me reconozco.
Mi yo cobarde al mirarlas
me obliga a pensar que existo en una sola
y no en la suma de quien soy
con esa otra que me suplanta en la imagen.
Cuesta creer que la desconocida también soy yo
esa mujer suspendida y fea
con un rostro que sin ser mío no es ajeno.
Entender el mundo bien puede ser eso:
aceptar que soy esa a quien desconozco.

El dominio
Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,
desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.
Se deslizan hacia el olvido de la mirada,
hacia el coro urdido por el silencio, o más allá.
En esta cárcel, mi condena,
la muerte está sentada al otro lado de la salida.
No me abandonará por ahora,
ella seguirá presa en mí, mientras afuera llueve
y el recordado azul del cielo se vuelve agua en los cristales.

Derechos reservados
© Lauren Mendinueta

JAIME FERNANDEZ MOLANO

Nació en Ventaquemada, Boyacá en 1960. Reside en Villavicencio desde 1966. Ha publicado los libros “Umbral de lunas” –con otros autores– Extensión cultural del Meta (1984); y bajo el sello de Fondo Editorial Entreletras, los títulos: “Mis muertes” (relatos breves) 1999, “Filo de ausencias” (poesía) 1999 y “Otras geografías” (periodismo literario) 2001.

Cantor

El cántaro que resbala de las manos del muchacho
se hace trizas
y surge una extraña música de ensueño
Dicen que al romperse
escapó el espíritu del cantor
Desde entonces
las manos del muchacho y sus labios y su pecho
les sirven de refugio
Su voz y sus canciones
habitan cómodos su nuevo cántaro
de carne y hueso.


Manual de instrucciones I
(Texto encontrado en el cajón secreto de una Brigada)


No basta la daga.
Su empuñadura debe estar provista
de una mano
Y no es suficiente.
Se hace preciso que por sus venas
corran ríos de odio
¡Ah!, y que en la mente que mueve
esa mano
exista la firme convicción
de que su oficio se hace por honor
por la reputación de un nombre
por la defensa de la patria.
No basta la daga.
Debe contar con hombres
que envuelvan en seda tricolor
este perfecto símbolo del poder
que hoy nos habita.
Y deberá mostrarse al enemigo
—con el líquido aún fresco que recorre
por el limbo de su hoja—
con orgullo y mano firme.
De nada sirve la daga
si no hay argumento que le permita
vivir una vida útil, plena
y llena de empeño en el futuro de su patria.


Derechos reservados
© Jaime Fernández Molano

FLOBERT ZAPATA

diciembre 11, 2010

Nació en Filadelfia, Caldas, en 1958. Poeta, editor y ensayista. Ha publicado, entre otros, los libros: |Copia del insecto (1991), |Después del colegio (1994) y |La manzana oxidada (Tres poetas del viejo Caldas, 1996). Ha obtenido los siguientes premios: Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía en 1991; Universidad de Antioquia en 1993; Icfes-Cres Centro Occidental de Colombia en 1996 y Premio de Poesía de la Gobernación de Caldas Caldas 100 años en 2005, con el libro |Ataúd tallado a mano.

8

De todos los ángeles
te quedas con el ángel ebrio.
A los demás los expulsas de tu casa
y cierras la puerta a otros
que quieren ocupar el lugar de los degradados.
Porque ese ángel aperezado
que tiembla y suda
y teme morir de sed,
nunca te abandona o te censura
ni se escapa por temporadas
para ejercer el bien
e hidratarse con milagros.
Ese ángel que te dice: mi pobre,
mi afortunado hermano.

 

10

Un dios
con las manos sucias
te entrega la primera botella.
Un demonio con las alas perfumadas
te sirve el último trago.
Y después se van
y te dejan solo. Solo. Solo.
Y debes empezar a pagar sus servicios.
Y sólo cuentas con monedas herrumbrosas
y además falsas
sin que tú sepas que lo son.
Y al desprenderte de ellas
se te gangrenan las entrañas.

Derechos reservados
© Flobert Zapata

ELKIN RESTREPO

Nació en Medellín, Colombia, en 1942. Poeta y narrador. Profesor de literatura en la Universidad de Antioquia, donde dirige la Revista institucional. Ha sido fundador y codirector de las revistas literarias Acuarimántima, Poesía y Deshora. Colaborador de las revistas La Pluma, Eco y Mundo Nuevo. Obras publicadas: Bla, bla, bla (1967); Ohhh (1970); La sombra de otros lugares (1973); Memoria del mundo (1974); Lugar de invocaciones (1977); La palabra sin reino (1982); Retrato de artistas (1983); Absorto escuchando el cercano canto de sirenas (1985); La dádiva (1991); Lo que trae el día (1983/1998); Fábulas (1991); Sueños (1993); El falso inquilino (1999), La visita que no pasó del jardín (2002).


El don

Ningún lugar mejor
que la ciudad
para pensar en ciervos
y bosques, para hacer del momento
una pura ensoñación, la vida que queremos
y no existe,
o existe en otra parte.
Venados, osos, perros,
montes y lagos,
y en el camino que traza
el candil
de una luna de hielo,
un hombre
con la pieza de caza
a cuestas.
Por un instante
soy aquél
que, primitivo,
se libra al destino
de un mundo naciente y áureo.
Y pacta acuerdos
con la ruda Ley
que le ofrece por sueño
la vida.
La vida salvaje y bella,
donde copular, cazar, pescar,
cambiar con el tiempo nómade,
es suficiente,
y donde no cabe
ilusión distinta
a la labor de cada día,
y el sueño es el simple
descanso, el dios que vela tus fatigas.
Y vivir, el don.



PIER ANGELI

De nuevo el mar golpea una región de postal en el Mediterráneo,
y multitud de golondrinas pasan sobre el mundo, chillando,
mezclándose como un nombre extraño al sueño;
de nuevo los días son tibios como un gabán
y la ciudad parece revivir,
extenderse como una herida purulenta, incurable;
de nuevo la luz remoja los parques y revienta
como un recuerdo en el corazón;
de nuevo, de nuevo, tu escapas a ti misma
en tu segundo o tercer intento de suicidio,
y lloras desolada en un cuarto de hospital,
mientras una enfermera va y viene, helada como un testigo;
mientras tu alma se descarga de ciertas imágenes amargas
y el miedo te da un respiro,
permitiéndote unos instantes de sosiego,
unas desordenadas palabras.
De nuevo tú estás en la vida y los ramos de flores abundan,
y tu palidez da fuerza a no sé qué de tierno en tu rostro,
y ahora te abrazas a ti misma como a alguien odiosamente amado,
y quisieras que todas las campanas del mundo se echaran a volar.
Por un instante eres feliz, un animalito
removiendo cálidas aguas,
una plazuela al mediodía, una canción de moda.
Por un instante, como una dulce hermana,
tienes piedad de ti misma,
y no quieres ya el espejo que la enfermera te alarga,
y, como una colegiala nerviosa, lloras y ríes.
Al borde la cama,
tu marido espera quizá sin comprender.
La vida es más atroz que cualquier sueño,
y hay una cosa que se llama ridículamente
soledad,
y tú, Pier Angeli, andabas sola por esa opaca
calle en que de repente se convierte el mundo.
En que de repente se angosta misteriosamente
la vida.
A tu marido le prometes que no volverá a suceder.
Pero sucederá.
Derechos reservados
© Elkin Restrepo

GIOVANNI QUESSEP

diciembre 09, 2010

Nació en San Onofre, Sucre, Colombia, en 1939. Algunas de sus obras: El ser no es una fábula (1968); Duración y leyenda (1972); Canto del extranjero (1976); Libro del encantado (1978); Madrigales de vida y muerte (1977); Preludios (1980); Muerte de Merlín (1985); Antología poética (1993) y Un Jardín y un desierto (1993). Es uno de los mayores poetas colombianos vivos en la actualidad.




CANTO DEL EXTRANJERO
Penumbra de castillo por el sueño
Torre de Claudia aléjame la ausencia
Penumbra del amor en sombra de agua
Blancura lenta
 
Dime el secreto de tu voz oculta
La fábula que tejes y destejes
Dormida apenas por la voz del hada
Blanca Penélope
 
Cómo entrar a tu reino si has cerrado
La puerta del jardín y te vigilas
En tu noche se pierde el extranjero
Blancura de isla
 
Pero hay alguien que viene por el bosque
De alados ciervos y extranjera luna
Isla de Claudia para tanta pena
Viene en tu busca
 
Cuento de lo real donde las manos
Abren el fruto que olvidó la muerte
Si un hilo de leyenda es el recuerdo
Bella durmiente
 
La víspera del tiempo a tus orillas
Tiempo de Claudia aléjame la noche
Cómo entrar a tu reino si clausuras
La blanca torre
 
Pero hay un caminante en la palabra
Ciega canción que vuela hacia el encanto
Dónde ocultar su voz para tu cuerpo
Nave volando
 
Nave y castillo es él en tu memoria
El mar de vino príncipe abolido
Cuerpo de Claudia pero al fin ventana
Del paraíso
 
Si pronuncia tu nombre ante las piedras
Te mueve el esplendor y en él derivas
Hacia otro reino y un país te envuelve
La maravilla
 
¿Qué es esta voz despierta por tu sueño?
¿La historia del jardín que se repite?
¿Dónde tu cuerpo junto a qué penumbra
Vas en declive?
 
Ya te olvidas Penélope del agua
Bella durmiente de tu luna antigua
Y hacia otra forma vas en el espejo
Perfil de Alicia
 
Dime el secreto de esta rosa o nunca
Que guardan el león y el unicornio
El extranjero asciende a tu colina
Siempre más solo
 
Maravilloso cuerpo te deshaces
Y el cielo es tu fluir en lo contado
Sombra de algún azul de quien te sigue
Manos y labios
 
Los pasos en el alba se repiten
Vuelves a la canción tú misma cantas
Penumbra de castillo en el comienzo
Cuando las hadas
 
A través de mi mano por tu cauce
Discurre un desolado laberinto
Perdida fábula de amor te llama
Desde el olvido
 
Y el poeta te nombra sí la múltiple
Penélope o Alicia para siempre
El jardín o el espejo el mar de vino
Claudia que vuelve
 
Escucha al que desciende por el bosque
De alados ciervos y extranjera luna
Toca tus manos y a tu cuerpo eleva
La rosa púrpura
 
¿De qué país de dónde de qué tiempo
Viene su voz la historia que te canta?
Nave de Claudia acércame a tu orilla
Dile que lo amas
 
Torre de Claudia aléjale el olvido
Blancura azul la hora de la muerte
Jardín de Claudia como por el cielo
Claudia celeste
 
Nave y castillo es él en tu memoria
El mar de nuevo príncipe abolido
Cuerpo de Claudia pero al fin ventana
Del paraíso
Derechos reservados
© Giovanni Quessep

JUAN MANUEL ROCA

Nació en Medellín, en 1946. Poeta, periodista, ensayista. En 1997 la Universidad del Valle le otorgó el título Honoris Causa en Literatura. Ha obtenido varios premios nacionales de poesía (Premio Eduardo Cote Lamus y Universidad de Antioquia); de periodismo (Premio Simón Bolívar) y de cuento (Universidad de Antioquia). Dirige el periódico cultural La sangrada escritura. Libros publicados: Memoria del agua (1973); Luna de ciegos (1975); Los ladrones nocturnos (1977); Señal de cuervos (1979); Fabulario real (1980); Antología poética (1983); País secreto (1987); Ciudadano de la noche (1989); Luna de ciegos -antología- (1990); Pavana con el diablo (1990); Prosa reunida (1993), Lugar de apariciones (2000); Los cinco entierros de Pessoa (2001) y Arenga del que sueña (2002), Cartografía memoria (ensayos en torno a la poesía) (2003), Esa maldita costumbre de morir (novela) (2003). Acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía 2004 del Ministerio de Cultura

Una carta rumbo a Gales
Me pregunta usted dulce señora
Qué veo en estos días a este lado del mar.
Me habitan las calles de este país
Para usted desconocido,
Estas calles donde pasear es hacer un
Largo viaje por la llaga,
Donde ir a limpiar luz
Es llenarse los ojos de vendas y murmullos.

Me pregunta
Qué siento en estos días a este lado del mar.
Un alfileteo en el cuerpo,
La luz de un frenocomio
Que llega serena a entibiar
Las más profundas heridas
Nacidas de un poblado de días incoloros.

¿Y el sol?
El sol, un viejo drogo que ha lamido esas heridas.
Porque sabe usted , dulce señora,
Es este país una confusión de calles y heridas.
La entero a usted:
Aquí hay palmeras cantoras
Pero también hay hombres torturados.
Aquí hay cielos absolutamente desnudos
Y mujeres encorvadas al pedal de la Singer
Que hubieran podido llegar en su loco pedaleo
Hasta Java y Burdeos,
Hasta el Nepal y su pueblito de Gales,

Donde supongo que bebía sombras su querido Dylan Thomas.

Las mujeres de este país son capaces
De coserle un botón al viento,
De vestirlo de organista.

Aquí crecen la rabia y las orquídeas por parejo,
No sospecha usted lo que es un país
Como un viejo animal conservado
En los más variados alcoholes,
No sospecha usted lo que es vivir
Entre lunas de ayer, muertos y despojos.



Diario de la noche
A la hora en que el sueño se desliza
Como un ladrón por senderos de fieltro
Los poetas beben aguas rumorosas
Mientras hablan de la oscuridad,
De la oscura edad que nos circunda.
A la hora en que el tren tizna la luna
Y el ángel del burdel se abandona a su suerte,
La orquesta toca un aire lastimero.
Una yegua del color de los espejos
Se hunde en la noche agitando su cola de cometa.
¿Qué invisible jinete la galopa?


Derechos reservados

© Juan Manuel Roca

EUGENIA SÁNCHEZ NIETO (Yuyín)

Nació en Bogotá, Colombia. Título de Filosofa de la Universidad Nacional, de Bogotá, Especialización en Administración y Planeación del desarrollo regional Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia.
Fue actriz de planta del Teatro Experimental La MAMA de 1972 a 1979. Premio Nacional de Poesía Hormiga Editores en 1984. Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Poesía convocado por el XII Festival de la Juventud Internacional y la Fundación Papagayo de Cristal, 1985. Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Poesía Luis Carlos López, 1989. Ha publicado los libros : Que Venga El tiempo Que Nos Prenda, Ulrika Editores, 1985, Con La Venia De Los Heliotropos, Ulrika Editores, 1990 y los cuadernos “Las Puertas De Lo Invisible”, Departamento de Publicaciones del centro Colombo Americano, 1993 y “Visibles Ademanes”, Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional de Colombia, 2004.


ESPACIO HABITADO
Alguien se mueve discreto en la noche
fuma largamente mientras el sonido de una armónica
penetra cuerpos y paredes
la vecindad de un ser desconocido que observa los cerros
espantaría en las noches cualquier alma sosegada.
Movimientos imprevistos sobresaltan mi descanso
el corazón a galope me arroja
una mujer torpe sale al pasillo
seres de la noche pueblan mi espacio
absoluta quietud, brillantes ojos persiguen la sombra
avanzo, avanzo
tropiezo con rojas manzanas que ruedan a mi paso.
Alguien en el fondo de la habitación
bajo la luz de la luna escribe:
Entrégate al hombre apostado en tu estancia
yo soy la noche tu eres la soledad
el deseo es un árbol donde la luz se ahoga
todo lo que poseemos está en este fuego.

CAÍDA EN EL SILENCIO
El viento borra huellas, levanta tejas
arrasa lugares
soledad sola sin violencia, sin voces
no se escucha ni el latido del corazón
figuras perdidas
si te quedas en la misma posición
el pensamiento no funciona, la sangre no circula.
Nadie detrás de la puerta
el ser invisible odia esa realidad
nadie encuentra su lugar
los hombres quieren ser mujeres las mujeres
quieren ser hombres
lugar vacío, lugar perdido, resbala la mentira
los cerros se trasladan
fosas comunes bordeadas de múltiples cuerpos
la paz sobre la muerte
No hay una puerta, el corredor atravesado
la dicha robada
los rostros al acecho, el rostro partido
la luz que se fuga, la vida que se inicia
silencio sobre la herida
¿Quien lamentará la perdida?
Soledad absoluta que me hiere
ni espantos ni voces, una puerta gira sobre sí misma
una puerta se abre, nadie llega
arrojada al vacío
puertas cerradas, puertas abiertas a la nada
el horizonte infinito poblado de seres vistos a través de
múltiples espejos
que toman rumbos diversos y propios
espacios verdes, amarillos, azules
bocas rojas, bocas negras
Múltiples rostros sonrientes
nadie quiere a nadie
simulación, impostura
en el rostro, en la risa, en el cuerpo, en la palabra
casa vacía de voces, de soledad y deseo
el viento borra huellas, levanta tejas, agrede corazones.


Derechos reservados
© Eugenia Sánchez Nieto