ORIETTA LOZANO


Orietta Lozano. (Cali, Colombia). Su obra incluye poesía, narrativa y ensayos literarios. Libros publicados: “Albacea de la luz”, Editorial Cuadernos Negros, 2015; “Resplandor del abismo” Universidad Externado de Colombia, 2011;  “Peldaños de Agua”, Editorial Caza de Libros, 2010; “El Solar de la Esfera”, Universidad del Valle, 2002;  “Luminar”: novela, Universidad del Valle,1994; “Antología Amorosa”, Editorial Tiempo Presente, 1996; “Alejandra Pizarnik”: ensayo, Editorial Tiempo Presente,1990; El Vampiro Esperado”,1987; “Memoria de los Espejos”, Editorial Puesto de Combate, 1983; “Fuego Secreto”, Editorial Puesto de Combate, 1981. 
Ha sido incluida en diversas antologías, entre ellas: Poesía colombiana, (antología 1931-2005) México, 2006; Una Gravedad alegre, poesía Latinoamericana, España 2007; Mundo Mágico: Colombia, poesía colombiana, Brasil, 2007; Silencio en el jardín  de  la poesía, Colombia 2012.  
Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro “El vampiro esperado”. Invitada a Francia a la XIII Biennale Internationale des Poètes, y por la Fondation Royaumont, por Latinoamérica al Seminario de Traducción de Poetas extranjeros para la traducción de su libro “Agua Ebria”.

* * *

EL POEMA SUEÑA CON LA LLUVIA
Lanza sus dados como rayos
en la confusión de ángeles de arcilla,
y con un rostro eterno de secretos
inclina el poema, como una migaja ciega
hacia las noches que curvan sus manos
para retener como agua,
el clamor del silencio.

Su risa es la aguja
que se introdujo
en el punto exacto
del desierto de mi noche.
Página escrita en la línea de la sombra.

El índice de un ojo
suspende el tiempo.
Sobre el espacio frío
signo y sello, luz de un ángel.
Los dados caerán paralelos
a la orilla del vacío.

Detrás del silencio, canta la lluvia
como el ángel de la melancolía.

La luz que sale del silencio,
retorna al silencio.
En el ensueño de la memoria,
el poema es lluvia
sobre las manos de la noche


ORFANDAD
En la orfandad del silencio
no espero la respuesta,
hurgo, como el águila hurga el aire de su vuelo,
porque la palabra que retorna,
es el cristal donde la luz restalla,
déjame decir en el solar del árbol,
dos sílabas de pájaro temblando.

Acaso estás tan ausente en mis tendones,
tan herido de las yedras de mi pausa,
tan silencio en la espina dorsal de mis palabras,
tan ido de mi lado, tan éxodo por mí,
tan encallado en mí
como ramas temblando de granizo.

Y un día, después del ayer y antes del mañana,
nos podamos encontrar
para arribar por siempre en la azul orilla
de la aurora.

Por ahora, sueño la tortuga
que arrastra la casa hacia su piedra,
los lobos en cardumen,
los peces en jauría;
el cuerpo vuelto arcilla,
en la epidermis de la esfera.

Escribo
como se traza un mapa de membranas,
para que mi aurícula no se piense rota,
y mi hueso sacro no delire espera;
porque de migajas se hace el pan,
reclamando migajas, escribo
delante de nueve cartas que se juntan,
hacia atrás del tiempo en contravía,
a unas horas de regreso,
en las mañanas antiguas del futuro;
como la yedra que hoy se inicia
y empieza a recordarnos.


MELANCOLÍA
Una niña con alas de hojalata,
trae palabras de hojalata
que crujen de amargura,
palabras desnudas con dedos azules,
palabras que perdonan.

Las da de alimento a los corderos,
las hunde en la carne del rebaño,
les entierra un alfiler en las arterias,
las vuelve alga, barro, mariposa,
tristes en sus manos,
suaves en sus huesos,
caen como lluvia,
se dejan ver entre la niebla,
se arrojan como ráfagas
desde un puente o una nube,
y ante el tridente ansioso, aúllan.

A veces en el filo del cuchillo,
se encuentra una palabra arrodillada.

La noche toma en sus manos,
el agua huérfana, que pide ser ángel,
que pide ser lámpara, que pide ser llave.

Cada palabra abrió su ojo,
vertió su luz.


ALMENAS DE CRISTAL
Reconozco el sendero
en la luz de la libélula,
en los bordes del cristal,
y en los ángulos del tiempo.

El mundo está moribundo,
su mano tiembla,
su aliento cae,
viene con un candil,
quiere alumbrarse,
sus lágrimas están rodando
entre los mirtos de tristeza,
no lo abandones Magdalena.

El mundo está cayendo,
se inclina ante el aceite hirviendo,
camina solo en el desierto,
no lo abandones Magdalena.

Hunde su rostro en la neblina,
tantea ciego
la ciega oscuridad,
encorvado carga una traición,
no lo abandones Magdalena.

El mundo sucumbe hermoso,
incrédulo y soberbio,
la luz se apaga
y el día pierde el equilibrio.


ESTRELLAS EN LA NIEBLA
Me vestí con el mismo traje de tu muerte,
y tal vez más desquiciada,
queriendo hallar doble recuerdo,
tomé la mano de mi hija
y la ovillé como si fuera un hongo
o una hoja de papel, en la que no alcancé a escribir;
me hundí con ella,
en el leve vapor del horno
que me legaras en la mañana de un invierno.

Cerramos los ojos, y el mundo siguió hurgando,
buscando gusanos de zafiro.
Del cuervo y la multitud te salvo,
Sylvia Plath,
sé que quieres escapar de las promesas,
encontrar tu agua oscura
y venir a mi legítimo silencio.

Yo, Aissa Wevill,
esta mañana, he cambiado
la abyecta hora del reloj,
ahora estoy subiendo las escaleras de tu aldea,
¡vamos, Sylvia,
dispárame!
hallarás tus ovejas en la niebla.


EL GUARDABOSQUES

                                                                  A Giovanni Holguín

Un desfile de hadas se presenta.
Las ve caerse y suspenderse en la caída,
danzar en los árboles sedientos,
inclinarse en el ángulo
más cristalino de la lluvia.

Se nombran y evaden esos nombres,
las ve titilar, fugarse y esconderse
en parajes luminosos.

El guardabosques calla,
se oculta tembloroso,
¿Tendrá que hablarles?
Son tan silenciosas
y están tan transparentes.


AZUL CASI PÚRPURA
Es la más peligrosa forma de la gracia.
Penetra la redondez vacía de la nada,
la grácil curva de la piedra,
la hondura feroz de la caverna.

Casi azul, casi púrpura,
cubierta con su túnica líquida
larga y extraviada,
trae consigo la estatura de la lluvia.

En un tiempo
sólo estaba ella y su palabra
en el jardín tibio de la tierra.

Burdas hordas, cínicos avaros
ejércitos voraces
arrebataron su caricia líquida,
el horizonte de su lágrima.
El azahar de un día luminoso
la ha despertado
bajo el influjo del olvido.

Agua densa de la ira,
irisada agua del deseo,
yerta agua de la luna muerta,
agua circular y vaporosa del pantano
que se fuga y se borra
entre el presagio de un cuchillo;
agua oscura casi blanca
que espera entre las manos,
agua del temor que se esconde
y precipita,
agua de la oblicua culpa,
de la memoria de la espina,
agua sorda sobre el rostro
del silencio,
agua ciega sobre la escritura
del espejo;
agua que lava las heridas,
que repara,
que abraza y configura
la forma de los cuerpos,
el peso de la muerte.


* * *

Derechos reservados
© Orietta Lozano

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